Los dioramas, a diferencia de los gabinetes de curiosidades que descontextualizaban objetos de manera individual, ofrecieron escenificaciones dramatizadas que, a través de la taxidermia, “lograron vocalizar de manera creíble verdades ideológicas y consolidarse como la herramienta epistemológica más eficaz de la historia natural moderna” (Aloi, 2018, p. 104). Frente a esto, el arte puede —y debe— asumir un rol propositivo, abrir fisuras en los discursos establecidos, construir otras narrativas e imaginar formas de relación que no reproduzcan la invisibilización del cuerpo animal.

